el tranvía llamado deseo
“Rechazar la impiedad y las concupiscencias del mundo” (Tito 2:12).
Muchos de nuestros deseos son contradictorios y destructivos. Por lo tanto, en su misericordia, “la gracia de Dios, se ha manifestado ofreciendo salvación” y “nos enseña a rechazar la impiedad y las concupiscencias del mundo, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad” (Tito 2:11-12). El Señor nos manda: “vivan sobriamente” (1 Pe 1:13) y “no procedan de acuerdo con los malos deseos que tenían antes, mientras vivían en la ignorancia” (1 Pe 1:14). “Vivir el resto de su vida mortal, no según los deseos humanos, sino según la voluntad de Dios” (1 Pe 4:2). “Es preciso renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo, que se va corrompiendo por la seducción de la concupiscencia” (Ef 4:22). Si no rechazamos los deseos mundanos, nos deformarán, deteriorarán nuestras vidas y nos las quitarán. Por tanto, “los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y sus malos deseos” (Gál 5:24).
Pídele al Espíritu que lujurie contra los deseos de tu carne (Gál 5:17) y te dé la fuerza para crucificar tus deseos. “Donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad” (2 Co 3:17). No te dejes esclavizar por tus deseos, sino sé libre en el Espíritu Santo.
Oración: Padre, que mi deseo por Ti sea tan abarcador que todos mis deseos mundanos sean rechazados y crucificados
Promesa: “Los justos poseerán la tierra y habitarán en ella para siempre” (Sal 37:29)
Alabanza: El Papa san León Magno salvó dos veces a Roma de la invasión bárbara.
Referencia:
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